
KIMONO × STREET
Osaka
Nada de la típica foto de alquiler delante de la puerta de un templo. Una sesión con estilo, por la calle, en la ciudad donde la gente vive de verdad.
CONCEPTO
Casi todas las fotos con kimono salen igual: alquilado esa misma mañana, de pie delante de la puerta de un templo, de frente. Esto es lo contrario. Tu kimono tratado como una revista trata cualquier prenda bonita, en una calle de verdad y con la ciudad dentro del encuadre.
Editorial, no de recuerdo
La elegancia del kimono es justo lo que buscamos, no un obstáculo que haya que esquivar. La luz, el encuadre y la localización se montan como se monta una página de revista.
El kimono, con libertad
Sin plantilla formal y sin poses fijas. Si vienes con una idea para el look, tráela. Alguien vigila que siga bien puesto, así que tú no tienes que estar pendiente.
La ciudad es el plató
Los callejones de Osaka, los bajos de las vías, los escaparates. Deja de parecer un disfraz en cuanto lo pones donde la gente vive de verdad.
Trabajos

Sin fecha, sin kimono y sin plan todavía. Cuéntame el look y yo me encargo del resto.
LO PRÁCTICO
Un kimono no es ropa con la que puedas moverte a lo grande. Una zancada larga y se descoloca. No son normas para agobiarte, son lo que hace que salgas bien en todas las fotos.
Ni comer ni beber
La comida callejera es la forma más habitual de que un kimono se lleve una mancha que ya no sale.
Movimientos pequeños
Las zancadas largas y los brazos en alto descolocan el bajo y las mangas.
Nada en el suelo
Ni sentarse ni tumbarse directamente en el suelo, y nada de sitios mojados.
Se arregla al momento
Cuando se acerque quien te ha vestido, pregúntale sin más. «¿Esta pose lo va a estropear?» es una pregunta de lo más normal.
Perdona la lista. Un kimono es seda de verdad, delicada y cara. Una gota de agua deja marca, y las manchas y los olores no salen. De ahí viene todo esto.
Si reservas el vestido conmigo, la persona que te viste viene a la sesión. Pregúntale lo que quieras sobre la marcha. Si llegas ya con el kimono puesto desde una tienda de alquiler, dime igualmente si algo te resulta raro. Entre pose y pose, y cada vez que cambiamos de sitio, me paro un momento a recolocarlo todo.
Con eso, el kimono hace el resto. Vamos a sacar algo bueno.

Ven con el tuyo o alquila uno aquí. En los dos casos me encargo de que alguien te lo vista bien.
No hace falta que tengas fecha, ni kimono, ni un plan. Cuéntame más o menos el look que quieres y yo me encargo del resto.